martes, 15 de septiembre de 2009

El cronista Blas Valera Pérez (1545 - 1597)


Autor: Ramiro Sánchez Navarro.

Sacerdote Jesuita, Cronista y Políglota. Nació en Levanto el 3 de febrero de 1545, que formaba parte de la Provincia de los Chachapoyas.Levanto es en la actualidad un distrito de la provincia de Chachapoyas, Departamento de Amazonas, República del Perú.
Fue hijo natural del capitán español Luis Valera, que se avecindó en Chachapoyas y de doña Francisca Pérez, mujer de raza indígena chachapoyana, que convertida al cristianismo, adoptó este nombre y apellido, como sucedió con otros naturales, que igualmente adoptaron nombres y apellidos españoles.

Su padre, como capitán de ballesteros, tomó parte en la segunda expedición de Alonso de Alvarado, la que fue organizada en Trujillo, así como la primera, para someter a los Chachapoyas. En 1537, aproximadamente, arribó al reino Chacha, tomando parte en la fundación de esta ciudad el 5 de setiembre de 1538, en lo que hoy es el pueblo de la Jalca Grande, en ese entonces "Xalca" y bajo el nombre de San Juan de la Frontera de los Chachapoyas.De este lugar, la capìtal española se trasladó a Levanto,luego a Huancas y finalmente a su actual emplazamiento.

Poco o casi nada se sabe de la vida de Blas Valera Pérez en su tierra natal,Levanto.Aunque si de sus estudios en Trujillo y después en Lima, estando su educación a cargo de los padres misioneros de la orden Franciscana, quienes orientaron su vocación por el Sacerdocio y le enseñaron gramática, artes y teología. Lo cierto es que en 1568, cuando apenas contaba con 23 años de edad, llega a Lima para estudiar como novicio en la Compañía de Jesús, cuya fundación data de este año y por esta razón, Valera fue de los primeros en estudiar en este centro de estudios, de reciente fundación.

En su vida de estudiante demostró ser alumno aplicado y sobresaliente. Aprendió quechua, aymara y latín. En 1571 fue enviado al Cuzco para Catequizar a los indios. Dos años después, en 1573, se ordena de Sacerdote. Allí tuvo la oportunidad de perfeccionar su conocimiento de la lengua quechua.
En 1569 conforma el grupo de jesuitas destinados a Huarochirí, gracias a su conocimiento del quechua, el cual lo había aprendido inicialmente en Chachapoyas. En 1577 pasó del Cusco a Juli y de allí a Potosí, famosa por sus minas de plata.

Al tiempo que se iba convirtiendo en un apasionado defensor de los indios, tal como lo hiciera Fray Bartolomé de las Casas, se interesó por conocer sobre la cosmovisión, usos y costumbres de los indios, lo cual le permitió escribir sus crónicas, las que desgraciadamente se perdieron casi en su totalidad en el saqueo que los ingleses perpetraron en Cádiz en 1596 y del que no se salvó el convento, donde guardaba sus manuscritos en latín, cuya temática versaba sobre la Historia de los Incas y su Vocabulario Quechua. Por orden de la superioridad, en 1587 viajó a Málaga, España, donde entre otras cosas, debía publicar sus obras.

Los pocos manuscritos que pudieron salvarse hallábanse rotos, “destrozados”. El jesuita Pedro Maldonado de Torres lo puso en manos de Inca Garcilaso de la Vega, quien residía en Córdova y los aprovechó para documentar sus memorables Comentarios Reales. El Cronista Garcilaso no dejó de lamentar el hecho de que faltara “lo más y mejor” de la obra de Blas Valera.

Antes de su viaje a España, el Concilio de Lima le encargó elaborar sendos catecismos en quechua y aymara para el uso de los indios. La tarea fue realizada con la colaboración de sus colegas, los padres Alonso de Bárcena y Bartolomé de Santiago.

La irreparable pérdida de sus manuscritos ha dado lugar para que este cronista mestizo y Chachapoyano sea catalogado como “Cronista Fantasma” por Rubén Porras Barrenechea, en la obra “Los Cronistas del Perú (1528 - 1650)”

En 1836, el arqueólogo e historiador norteamericano Philip Means(1892 – 1944) encontró en la ciudad de Cádiz, en el lugar donde vivió el padre Blas Valera, algunos documentos escritos a mano como se utilizaba por aquella época y que le son atribuidos, ya que se argumenta que éstas “cronológica y psicológicamente, guardan una estrecha relación con las obras del Jesuita Anónimo”.

En 1879, el español americanista Marcos Jiménez de la Espada, como lo indica Manuel Marzal en La Utopía Posible, publicó estos trabajos titulados “tres relaciones de antigüedades, y Relación de Costumbres Antiguas De Los Naturales del Perú”.
La vida de este notable hombre de letras se apagó en 1597, en la ciudad española de Cádiz. Un Colegio de la provincia de Luya, del departamento de Amazonas,del Perú, perenniza su memoria.
Se especula mucho en torno a la vida y obra de este sacerdote cronista, así Laura Laurencich Minelli, le atribuye la autoría de la “Nueva Corónica y Buen Gobierno”, cuando lo cierto es que esta obra pertenece a Felipe Huamán Puma de Ayala. Otra de las falsedades es arribuir, sin mayor fundamento, los “Comentarios Reales” , de Inca Garcilaso de la Vega, a Blas Valera Pérez, con lo que se estaría buscando realzar la figura de este último, en forma exagerada, en desmedro de los dos cronistas ya citados. La verdad es que Inca Garcilaso de la Vega cita textualmente algunos pasajes de la obra de Valera en sus “Comentaros Reales”, como lo podrá advertir cualquier lector.

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